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Agendar sexo en pareja: cuándo ayuda y cuándo se vuelve obligación

Ilustración de un calendario con un corazón marcado en un día, dos cepillos de dientes juntos y una vela.

Agendar el sexo funciona para muchas parejas con poco tiempo, siempre que lo que reserven sea un rato para estar juntos y que el sexo quede como posibilidad abierta para los dos. Un estudio de la Universidad de York encontró que el sexo planeado se disfruta igual que el espontáneo. El riesgo aparece cuando la cita se vuelve un deber: con presión, las ganas se esconden.

Si sientes que entre el trabajo, la casa y el celular el deseo se quedó sin turno, tranquila, le pasa a muchísimas parejas y se puede trabajar. Aquí van los dos lados del debate y un criterio para decidir qué les sirve a ustedes. Y si lo que buscan es sacudir la costumbre, tenemos ideas para salir de la rutina en pareja con juegos y erotismo.

El argumento a favor: lo que se reserva, sucede

Quienes defienden ponerle fecha al sexo parten de algo sencillo: casi todo lo que te importa ya tiene un lugar en el calendario. La psicosexóloga Martina González Veiga lo dijo en una frase que recogió Vanguardia: "Solemos planificar todo lo que consideramos importante, qué curioso que no lo tengamos en cuenta para el sexo".

El segundo argumento tiene que ver con cómo cambia el deseo. Al principio las ganas aparecen solas. Con los años, el deseo y la frecuencia suelen bajar, y las investigadoras Amy Muise y Katarina Kovacevic, de la Universidad de York, en Canadá, lo explican sin drama en un texto publicado por El Tiempo: las parejas de larga duración que esperan que los dos sientan deseo al mismo tiempo "pueden llegar a tener poco sexo". Y eso les pasa también a parejas que se quieren muchísimo.

Entre sus recomendaciones para el bajo deseo, Mayo Clinic incluye reservar tiempo para la intimidad y poner el sexo en el calendario. Admite que puede sonar forzado y aburrido, y aun así sostiene que ese esfuerzo extra ayuda a que el deseo vuelva a su cauce.

Y está la anticipación. Saber que el jueves hay plan te deja pensar en él y mandar un mensaje con intención. González Veiga lo explica así: "idear o mantener conversaciones eróticas sobre el encuentro pone a nuestro cerebro en modo de disfrute". De paso, cuando el encuentro está previsto, no queda la excusa de no tener condones a mano.

La educadora sexual Emily Nagoski lo resumió en una entrevista con NPR: las parejas que sostienen una buena conexión sexual durante años son muy buenas amigas y le dan prioridad al sexo, deciden que importa. Y recordó algo que cualquiera reconoce: ver televisión media hora cuesta mucho menos que conectarse con tu pareja. Si nadie le abre espacio, gana la serie.

El argumento en contra: con presión no llegan las ganas

La objeción más común es la que seguro ya pensaste: si está en la agenda, se siente como deber. Y tiene fundamento. La sexóloga Nayara Malnero, consultada por elDiario.es, separa "planificar una cita con ilusión" de "tenemos que hacerlo ahora porque toca", y concluye corto: "Con presión no funciona el deseo".

Malnero va más lejos que la mayoría. Para ella, muchas parejas llegan a programar el sexo porque ya hay un problema de deseo, y ahí la agenda funciona como un síntoma más. La sexóloga María Victoria Ramírez Crespo matiza: lo que puede salir mal es programar el encuentro genital en sí, "porque puede ser que el día programado a uno de los miembros de la pareja no le apetezca, y se puede vivir con presión".

Hay un riesgo más serio y conviene nombrarlo con calma. En el mismo reportaje, una mujer cuenta que en su relación el sexo programado "fue una herramienta de control", en una etapa marcada por la ansiedad y los problemas familiares. Un calendario que una persona impone y la otra cumple dejó de ser un acuerdo hace rato.

Y está la decepción. Si uno imaginó una noche de película y terminan dormidos con la serie prendida, la expectativa se vuelve frustración. González Veiga advierte que lo que de verdad corta el rollo es "dar por supuesto un guión sexual que hay que seguir siempre para disfrutar".

Lo que midió la investigación sobre sexo planeado y espontáneo

Hay una investigación que puso las dos posturas a prueba. El equipo de Muise y Kovacevic reclutó a 303 personas y 102 parejas de Estados Unidos y Canadá. Primero les preguntaron qué creían y cómo había sido su último encuentro, y en un segundo estudio siguieron día a día a parejas durante 21 días.

La mayoría creía que el sexo espontáneo es más satisfactorio. Los datos dijeron otra cosa: en el seguimiento diario, la satisfacción no cambió según el encuentro se sintiera planeado o espontáneo, ni siquiera entre quienes idealizaban la espontaneidad. En el comunicado de la Universidad de York, Muise explicó que no encontraron evidencia sólida de que la gente viva el sexo espontáneo como más satisfactorio que el planeado.

El matiz que más sirve para este debate: en el primer estudio, percibir el último encuentro como planeado sí se asoció con menos satisfacción, salvo en quienes estaban convencidos de que el sexo planeado también puede ser satisfactorio. La creencia pesa, así que vale la pena revisarla entre los dos antes de descartar la idea.

Los participantes también contaron qué aporta cada cosa. La espontaneidad les sumaba excitación y pasión, la planificación les daba anticipación, aunque a veces también presión. Y varios dijeron que cuando el sexo llega sin aviso no hay tiempo para prepararse, despejar la cabeza ni asegurar la privacidad, algo que entiende cualquiera que viva con hijos, familia o paredes delgadas.

Reservar tiempo juntos y dejar el sexo abierto

Aquí las dos posturas se encuentran. Hasta las voces más críticas defienden una versión de la cita: Ramírez Crespo propone "programar un tiempo libre de obligaciones" para charlar y dar espacio al contacto físico, con caricias, besos o un masaje suave, "sin la presión de que después tenga que haber contacto genital si no apetece". Malnero recomienda una cita semanal para conectar, "pero nunca para obligarse a tener sexo".

Ese es el criterio que te proponemos: lo que va al calendario es el tiempo juntos, y lo que pasa dentro de ese tiempo se decide ahí, entre los dos. Las investigadoras de York lo plantean parecido: planear puede ser simplemente hablar con tu pareja para entender cuándo es más probable que sienta deseo, por ejemplo después de un momento de cercanía o en semanas menos pesadas en el trabajo, y acordar hacer tiempo para eso.

Ayuda saber que a veces las ganas llegan después de empezar. Nagoski, que recomienda programar el sexo, lo resumió en NPR: si logra llegar al punto de empezar, todo va bien. También explicó que bajo estrés el cerebro no logra vivir las sensaciones como placer, y que cuando te sientes segura y conectada casi cualquier caricia puede disfrutarse. Por eso la cita tiene que sentirse como un rato seguro, sin examen al final.

Un juego ayuda justo en ese arranque, porque le quita a los dos la tarea de decidir cómo empezar. El Juego Atrevido Kiss Me trae un dado de acciones (besar, morder, chupar, acariciar) y otro de zonas del cuerpo para combinarlos. Los Dados Luminosos brillan en la oscuridad. Si quieren más recorrido, Sensaciones Sexplay es un tablero con 85 pruebas, tapa ojos, cuerda y reloj de arena. Más ideas en nuestra guía de juegos sensuales para parejas.

Cómo pactar la cita para que no se vuelva tarea

Si deciden probar, el acuerdo importa más que la fecha:

  1. Escojan un momento en que tengan energía. Muise y Kovacevic recuerdan que puede haber más interés por la mañana o por la tarde que por la noche, cuando ya están listos para dormir después de una comida pesada.
  2. Decidan la frecuencia entre los dos. La que ambos puedan sostener con ganas, sin compararse con nadie.
  3. Dejen la salida abierta desde el principio. Pacten que cualquiera puede decir "hoy no" sin explicaciones largas, y que eso no cancela el rato juntos. Según Planned Parenthood, el consentimiento es reversible, cualquiera puede cambiar de parecer en cualquier momento, también en parejas que llevan años juntas. Si aparecen juguetes, esta guía sobre consentimiento al usar juguetes en pareja les ayuda a pactarlo sin matar el ánimo.
  4. Prepárense como para cualquier plan que les importa. Las investigadoras de York mencionan la ropa, la lubricación y la privacidad. En la práctica: lubricante a mano, condones si los usan, el celular lejos y la puerta con seguro.
  5. Cambien el guion de vez en cuando. Mayo Clinic sugiere probar otra hora, otro lugar u otra posición, darle más tiempo a los preliminares y, si los dos quieren, sumar juguetes y fantasía.
  6. Revisen cómo les va. Después de unas semanas, pregúntense si la cita les da ganas o pereza. Nagoski propone dos preguntas: qué quieres cuando quieres sexo, y qué no quieres cuando no lo quieres.

Para tener listo sirven cosas sencillas. El lubricante de Pocket Pleasure es a base de agua, viene en 20 ml y trae dados para sumar sorpresa. El Ribbon Pro es un vibrador de silicona grado médico y ABS con nueve ritmos que se cambian desde el mismo juguete, sin app, y se lava bajo el chorro de agua. El Blow Pop es un gel burbujeante pensado para el juego con la boca. Y en la colección para parejas hay más juegos, retos y accesorios para compartir.

Señales de que la cita está tapando otra cosa

La cita les está funcionando cuando los dos la esperan, se mandan mensajes antes, a veces termina en sexo y a veces en conversación, y en ambos casos quedan bien. Conviene parar y conversar si aparece alguna de estas señales:

  • Uno de los dos la vive como deuda y llega con resignación.
  • Se llevan la cuenta de las citas "incumplidas" o aparecen reproches.
  • Una sola persona decide el día, la hora y lo que pasa.
  • Hay dolor durante el sexo, o el bajo deseo te preocupa desde hace rato.

La propia Nagoski contó en NPR que intentó programar el sexo y no le funcionó, porque estaba atrapada en un lugar de su cabeza que se sentía lejísimos. Su siguiente paso fue hablarlo con su terapeuta y después con su pareja. Si le pasó a una educadora sexual que escribe libros sobre esto, no hay nada raro en que les pase a ustedes.

Según el NHS, el servicio de salud británico, entre las causas comunes del bajo deseo están los problemas de pareja, el estrés, la ansiedad y la depresión, y la terapia de pareja aparece entre las ayudas posibles. Si te ves en ese punto, hablar con tu ginecóloga o con una terapeuta sexual o de pareja es un paso sensato.

Preguntas frecuentes sobre el sexo planeado en pareja

¿Cada cuánto conviene programar la cita?

No hay un número correcto. En un estudio de Muise difundido por EurekAlert, la felicidad de las personas en pareja subía con la frecuencia sexual hasta una vez por semana y más allá dejaba de aumentar. Escojan un ritmo que los dos puedan sostener con ganas.

¿Qué hago si llega el día y no tengo ganas?

Dilo con cariño y sin culpa. Pueden quedarse en el masaje o la conversación, y a veces las ganas aparecen con el contacto. Si no aparecen, el rato igual valió la pena.

¿Y si mi pareja quiere planearlo y yo no?

Pregúntale qué busca: más tiempo juntos, más frecuencia o sentirse deseado. Un punto medio es reservar el rato sin comprometer lo que pase en él. Nadie tiene que aceptar un plan que vive como presión.

¿Sirve si tenemos hijos pequeños o mucho trabajo?

Es justo cuando más sirve. Las investigadoras de York recuerdan que planear importa sobre todo en etapas en que la espontaneidad es difícil, como épocas de mucho trabajo o cuando nace un hijo.